Mandela y Reed

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¿Qué tienen en común estos dos hombres? Que están muertos. Bueno, sin reforzar su vertiente solidaria o artística de entrada puede parecer un planteamiento un poco macabro. No quiere serlo, evidentemente. Otra característica que los une es que han muerto en un momento en que la tecnología es más doméstica que nunca y que el volumen de condolencias que han recibido no hubiera sido el mismo 5 años atrás. Los que tenéis cuentas activas en redes sociales habréis publicado algún mensaje de pésame por alguna de estas dos personalidades y si no lo habéis escrito seguro que os ha pasado por vuestro timeline algún mensaje de un compañero vuestro en Facebook, Twitter, Instagram ..

Hace pocos días en una charla en Tordera sobre canales de participación ciudadana referidos a las redes sociales y a las aplicaciones móviles nos preguntábamos por qué Facebook había entrado en tantas familias y la respuesta era esta: “porque es muy fácil”. Es fácil abrir una cuenta nueva (basta un correo electrónico y una contraseña), es fácil seguir las instrucciones para subir una foto, hacer un comentario, agregar nuevos amigos, etc… Esta facilidad se convierte en viral cuando se suceden acontecimientos globales como los casos que comentamos aquí. La pérdida de estos personajes queridos y referentes en sus respectivos campos hace que el pésame sea también global y al mismo tiempo se comparta en la red y entre en cada casa: ” has visto el Facebook? Ha muerto Lou Reed… ”

Este pésame es efímero. Los miles de mensajes en la red que bailan solidarios al ritmo de la publicación de los diarios del “día siguiente”, unas 48 horas. De hecho, esto no es nuevo, todos tenemos muy presente un ejemplo muy claro: hay un conflicto bélico en una región del mundo y los telediarios, las radios, tertulias y periódicos van llenos durante unas semanas, y de golpe y porrazo hay un día que no se habla más y al cabo de unos días nos viene a la cabeza aquel conflicto que por no hablar los medios nos parece que ya no estará vigente, pero en el fondo somos plenamente conscientes de que sigue existiendo pero que hay una noticia más “importante” que ahora marca la agenda del día a día. Pues el luto digital sería más o menos lo mismo: en un periodo muy corto de tiempo la opinión de los usuarios 2.0 se focaliza en ese evento, todo más rápido, la cantidad de información es mayor, exponencial, viral y la expresión de los mensajes es íntima y personal pero compartida.

Seguiremos viviendo momentos intensos y tristes, con lágrimas delante de la pantalla por la pérdida de iconos globales. A los 60 asesinaban JFK y los llantos eran delante de un televisor en blanco y negro de algún vecino, con toda la família viendo las imágenes de Dallas y ahora podemos recibir la mala noticia en el metro camino del trabajo en nuestro dispositivo móvil. Quizás nada ha cambiado, tal vez estamos un poco más solos…

Artículo publicado en rebat.cat el día 09.12.2013